Lesiones deportivas, de aparato locomotor o lesiones de partes blandas:
Contamos con un equipo multidisciplinar experto en el diagnóstico y tratamiento de lesiones en deportistas profesionales o amateurs, lesiones comunes del aparato locomotor (tendones, ligamentos, músculos…) y lesiones de partes blandas. El objetivo es la curación del tejido de la forma más fisiológica posible tratando de devolver al paciente a su actividad habitual lo antes posible, siempre con su salud como prioridad.
Utilizamos las técnicas más novedosas y la medicina regenerativa para tratar lesiones de cualquier zona del cuerpo (hombro, pelvis, columna, cadera…) como: Roturas musculares o miofasciales (como el tenis leg), roturas tendinosas, capsulitis, tendinopatías (como tendinitis de supraspinoso), entesitis (epicondilitis codo de tenista, epitrocleitis o codo de golfista), fascitis plantar, esguinces a cualquier nivel, quistes, gangliones, cicatrices dolorosas, pubalgia del deportista, síndromes específicos musculares como síndrome piramidal, síndrome del glúteo medio… trocanteritis, atrapamientos neurológicos (como la neuropatía del nervio mediano)… etc.
Fibromialgia
La fibromialgia es una enfermedad de origen aún desconocido en la que se altera el sistema nociceptivo, que es quien se encarga de sentir y transmitir al cerebro la información dolorosa. Esto genera dolor intenso y crónico y, además, por la participación de otros elementos (hormonas, sistema nervioso autónomo…), aparecen otros síntomas asociados, como cansancio muy intenso, alteraciones del descanso nocturno, problemas de concentración y atención, sensación de calambres, hormigueos… etc, lo que provoca un gran malestar en quienes la padecen.
Aún no existe una prueba que demuestre la presencia de esta enfermedad por lo que es muy importante que el médico realice una buena historia clínica, una exploración física íntegra, que descarte otras enfermedades que puedan causar síntomas similares y que conozca bien los criterios de clasificación para diagnosticarla.
Tampoco existe aún tratamiento para su cura, pero sí herramientas que ayudan a mejorar y normalizar, en la medida de lo posible, la actividad diaria de quienes padecen fibromialgia.
Síndrome de Fatiga crónica
También conocido como encefalomielitis miálgica, es una enfermedad crónica, de origen desconocido, en la que se produce un cansancio continuo y extremo asociado a alteraciones cognitivas (pérdidas de memoria, déficit de atención y concentración…) y otros síntomas que también pueden aparecer en fibromialgia, por ello en múltiples ocasiones ambas enfermedades aparecen solapadas.
Existen algunas teorías sobre su posible causa, a saber, estrés oxidativo (que explicaremos en otros títulos), infecciones víricas… pero los estudios no son aún del todo concluyentes.
Al igual que en fibromialgia no existe un tratamiento farmacológico cien por cien eficaz, por ello es importante dar con un profesional experto en la materia que aplique las pautas y herramientas necesarias para mejorar el día a día de quienes sufren este trastorno.
Síndrome de Dolor miofascial
El dolor miofascial es un tipo de dolor que se origina en un músculo o grupo muscular y en las fascias que los rodean. Se caracteriza por presentar un punto gatillo, que es un nódulo que puede palparse, situado en una parte del músculo que está tenso, formando una especie de banda. Este dolor puede presentarse de forma aguda (quién no ha hecho alguna contractura en algún momento de su vida) o, incluso, cronificar. En este último caso, parece estar implicado el conocido fenómeno de sensibilización central, influyendo de varias formas, lo cual explicaremos en futuros títulos del blog. Éste y otros motivos justifican la importancia de detectarlo a tiempo y aplicar el tratamiento correspondiente.
Las terapias médicas y fisioterapéuticas que hay publicadas para el tratamiento de este dolor han mostrado beneficio llegando a mejorar e, incluso, resolver, el dolor miofascial.
Además, en pacientes con fibromialgia, la literatura publicada hasta la fecha, muestra una posible implicación de la sensibilización central en la generación de este dolor miofascial, por tanto, parece que ambos trastornos están relacionados de forma bidireccional.
Otros Trastornos de Dolor
La clasificación más actual del dolor, en cuanto a temporalidad, lo divide en dolor agudo (duración < 3 meses) o crónico (> 3 meses).
El dolor agudo suele implicar una lesión real o potencial en alguna estructura del cuerpo y supone un mecanismo de defensa para alertarnos de que algo nos ha hecho daño o puede llegar a hacerlo. Puede darse en cualquier región y tendrá unas características u otras dependiendo de la zona a la que afecte, no es lo mismo el dolor que produce por ejemplo una tendinitis, que el dolor originado por una lesión de un nervio periférico.
El dolor crónico, es decir, aquél que dura más de tres meses, puede darse porque la lesión dure más de lo habitual o bien porque aparezcan mecanismos de sensibilización. Puede ser primario o secundario: El dolor crónico primario no está directamente relacionado con una lesión, más bien se produce por una transmisión alterada de la información dolorosa que llega a médula y estructuras cerebrales. Suele haber pérdida de las capacidades funcionales de una persona (y limitar sus actividades y entorno familiar, social y laboral) y puede haber mecanismos psicológicos implicados. El dolor crónico secundario es aquél que se debe a la prolongación en el tiempo de una lesión, por ejemplo, el dolor debido a un cáncer, el dolor neuropático por lesión de un nervio periférico… etc.
Si padeces dolor ya sea agudo (por lesión de cualquier estructura) o crónico de cualquiera de las características descritas, conviene atajarlo lo antes posible y ponerte en manos de especialistas en la materia. Ejemplos: tendinitis, epicondilitis, trocanteritis, fascitis, migrañas o cefaleas, dolor pélvico, dolor cervical, lumbar, contracturas a cualquier nivel, dolor visceral… etc
Enfermedades reumatológicas
La especialidad de reumatología aún sigue siendo muy desconocida para la mayoría de las personas, os explicaremos brevemente las patologías que debe estudiarte y valorarte un reumatólogo:
– Artrosis: una enfermedad degenerativa, en la que el cartílago se va deteriorando poco a poco y produce dolor, inflamación, limitación funcional (dificultad para moverla)… etc.
– Osteoporosis: supone la pérdida progresiva de masa ósea y el hueso va deteriorándose progresivamente. Si no se pone remedio adecuado, puede llevar a fracturas.
– Enfermedades por depósito de cristales: son enfermedades en las que ciertas sustancias que circulan por nuestro organismo, se pueden depositar en nuestras articulaciones, por ejemplo, el ácido úrico. Las dos enfermedades más conocidas de este grupo son la gota y la condrocalcinosis o pseudogota
– Enfermedades inflamatorias: artritis reumatoide, artritis psoriásica, espondilitis anquilosante, etc… son enfermedades en las que el síntoma principal es la inflamación de las articulaciones ya sean periféricas (por ejemplo manos o rodillas) o axiales, es decir, de la columna (por ejemplo sacroilíacas).
– Enfermedades autoinmunes: Lupus, síndrome de Sjögren, esclerodermia, dermatomiositis, miopatias inflamatorias de otro tipo, vasculitis… son enfermedades que conviene diagnosticar y tratar lo más rápidamente posible, ya que son nuestras propias defensas las que nos están produciendo el daño (un daño que puede producirse a cualquier nivel: articulaciones, piel, mucosas, pulmones, hígado… etc).
Síndromes de sensibilización central:
Hemos hablado ya previamente de otras enfermedades en las que el mecanismo de sensibilización central está implicado: fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y síndrome de dolor miofascial.
Existen otros trastornos que se han englobado aquí: síndrome de dolor en articulación temporo-mandibular, síndrome de vejiga irritable o cistitis intersticial idiopática, síndrome de colon o intestino irritable, migraña o cefalea tensional, síndrome de piernas inquietas, síndrome de sensibilización química múltiple…
Son trastornos que se han considerado crónicos, oscilan en intensidad y pueden llegar a limitar en gran medida la vida de quienes los padecen. Requiere un estudio muy exquisito para su diagnóstico y, al no existir tratamiento específico para su curación, es necesario que te pongas en manos de un buen especialista en la materia que aplique un tratamiento acorde a tus necesidades para mejorar tu calidad de vida.